La Atlántida y la
Biblia
Jaime Manuschevich
La Biblia Hebrea fue un libro que en la
antigüedad solo conocían los judíos y siempre estuvo escrita en hebreo,
considerándose un gran sacrilegio que fuese leída por quienes no fueran parte
de la religión israelita. La mayor parte de la Biblia Hebrea o Tanaj se
escribió en hebreo, excepto unas pocas páginas, que se escribieron en arameo.
Sin embargo existieron libros escritos en otro idioma: el griego.
Estos libros son denominados los “deuterocanónicos”, o Canon de Alejandría o de
los Setenta, y se escribieron en las comunidades judías de Alejandría, Egipto.
Se sabe con cierto grado de certeza que estas traducciones ya existían en el siglo
III antes de la era común. El nombre de Setenta se debe a que la tradición
judía, transmitida en la Epístola de Aristeas, atribuye su traducción a 72
sabios judíos. Se le denomina también Canon de Alejandría por haber sido
redactada en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en lugar
del texto hebreo.
Para entender este fenómeno, hemos de tener en cuenta que al
terminar el exilio del pueblo hebreo, hacia siglo VI antes de la era común, después de su deportación a
Babilonia, esta nación se encontraba ya diseminada. Muchos se quedaron en
Babilonia, donde se habían instalado, algunos con bastante éxito económico.
Otros, habían huido a ciudades más prósperas, tal vez Sais, en Egipto, capital
de este país desde la XXVI hasta la XXXI Dinastías, es decir entre los años 664
y 332 a.e.c., cuando es conquistada por Alejandro Magno, quien funda como nueva
capital la ciudad de Alejandría. Otros judíos se habían diseminado por el
territorio de Palestina, por el Asia Menor, y en menor grado por el resto del
mundo mediterráneo. Había llegado un gran número de inmigrantes a Judea, donde
llevaban ya varias generaciones instalados. Ya prácticamente nadie hablaba ni
entendía hebreo, lengua en la que se había escrito La Biblia. La lengua
habitual en Judea era el arameo. Y con los países limítrofes, los comerciantes
y peregrinos, se entendían en griego. Esta fue la razón por la que la comunidad
judía de Alejandría decidió traducir La Biblia hebrea al griego, añadiendo por
los menos 7 libros deuterocanónicos que habitualmente leían en sus sinagogas.
Algunos libros no fueron traducidos, sino escritos directamente en griego
(Sabiduría y el segundo libro de Macabeos). Contiene 39 libros divididos en dos
grupos: “Legislación e historia” y “Poetas y profetas”.
Después de la destrucción de Jerusalem en el año 70 por los
romanos, un grupo de rabinos que habían conseguido escapar con vida, fundaron
hacia el año 90 una escuela en Yamnia. Allí decidieron recopilar y ordenar los
libros que consideraban inspirados, tarea que finalizaron en el siglo II de
nuestra era. Sólo aceptaron los que habían sido escritos en hebreo, excluyendo
a los deuterocanónicos por esta razón.
Por otra parte, los textos griegos cristianos del Antiguo
Testamento y del Nuevo Testamento proceden de copias manuscritas. Las más
antiguas encontradas hasta hoy están escritas sobre papiro y casi todas
pertenecen al siglo III. Las más completas que se han encontrado son del siglo
IV y siglo V. Solo recién en el siglo V, San Jeremías tradujo la Biblia al
latín, tomando como original el Canon de Palestina. Por lo tanto, no incluyó en
su traducción los libros deuterocanónicos del Canon de Alejandría.
Estos libros, cuyo contenido exacto hoy desconocemos porque fueron
excluidos tanto por los rabinos de Yamnia como por las traducciones cristianas,
si pudieron haber sido leídos por griegos, y quizás entre ellos, Solón, cinco
siglos antes de la era común, dando así origen al mito de La Atlántida. Se sabe
que un historiador llamado Cator, contemporáneo a Aristóteles, viajó
expresamente a Egipto a buscar los textos originales, ratificando su existencia
durante aquel período. Por otra parte, tampoco sabemos si el templo visitado
por Solón, en Sais, donde se encontró con el relato, era una sinagoga o no, ya
que estas existían desde la destrucción del templo de Salomón. Esta posibilidad
está plenamente abierta porque hay expresa mención al tema de Adán y al Diluvio
en el dialogo “Timeo” (22).
Este conocimiento altamente especializado y cerrado de la Biblia
Hebrea, impidió que otros griegos que alguna vez investigaron sobre la
Atlántida, entre ellos el mismo Aristóteles, pudieran comparar este relato con
la Biblia Hebrea. El mundo romano, por su parte, sólo supo de la historia de
pueblo israelita a través de los textos de judío Flavio Josefo, ex rabino, ex
general y ex esclavo que escribió “Antigüedades Judías” en el siglo I de
nuestra era, basado en sus conocimientos de La Biblia, adecuando parte del
lenguaje bíblico al mundo grecorromano de la época. De hecho este ex general y
rabino, en sus textos demuestra conocer aspectos de la historia judía que no
están en La Biblia que nosotros conocemos, es decir el Canon de Palestina. A
este círculo cerrado, se sumó la destrucción del Templo de Jerusalem y de la
Gran Biblioteca de Alejandría por los romanos.
Luego, cuando emergió nuevamente el interés por la leyenda de La
Atlántida, hacia finales de la Edad Media, en la medida que se reconstruía el
mundo greco-romano, al provenir el mito de textos de Platón y se asentó
definitivamente como saga indoeuropea, ningún investigador se dio el trabajo de
buscar la conexión entre ambos relatos, hasta ahora…
El hecho de que hubiese existido una Biblia escrita en griego, en
Egipto y fecha muy cercana a cuando este país fue visitado por Solón, nos deja
completamente abierta la posibilidad que el único texto de La Atlántida fuese
una versión del pasaje bíblico comprendido entre Adán y Noé y parte del
Diluvio, que es lo señalado en el libro “La Atlántida: el mito descifrado”. Es
importante destacar que en aquellos párrafos bíblicos sólo son mencionados
nombres y el evento del Diluvio (Génesis de 4:25 a 8:22), omitiendo
completamente los hechos que rodearon a cada uno de los mencionados.
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