La Atlántida y el Cambio Climático
Jaime
Manuschevich
En el mito, el final de la isla está asociado a un gran
cataclismo. Y esa es la verdad. Aquella primera civilización humana emergió, se
desarrolló y se extinguió en un mundo que vivía un gigantesco proceso de cambio
climático global, acaecido en las postrimerías de la última glaciación, que
cambió radical y bruscamente el clima de las cuencas del mar Mediterráneo y del
mar Rojo, que eran verdes y lluviosas. Allí, en ese mundo antiguo, como se
puede ver en el mapa, comenzó a gestarse esta gran leyenda. Esta región mediterránea fue antes la última deglaciación muy
distinta a como es hoy. Los niveles del mar eran más altos que en la
actualidad, cubriendo muchas regiones que hoy
son tierra firme. Entre estas zonas están el delta del Nilo y una parte
de su curso, gran parte del Sahara, el valle del Tanaro,
en Italia, y la desembocadura del Guadalquivir. La región que hoy conocemos
como Mesopotamia, era también una porción de mar. Y por otra parte, no estaban
conectados el mar Mediterráneo y el mar Negro, que era aún un gran lago de agua
dulce.
En ese marco climático diferente, un pueblo de
cazados-recolectores vivió en torno a esta importante cuenca, y constituían una
sola cultura denominada capsiense
por la arqueología, cuyos asentamientos se extendían desde la actual Kenia
hasta España, como se puede apreciar en el mapa. Estos asentamientos de la
cultura capsiense en torno a la antigua cuenca del
Mediterráneo, descubiertos por la arqueología,
tienen una antigüedad de unos 12.500 años, es decir, son anteriores al último cambio climático, modificación que
liquidó el ecosistema de esa cuenca y de la región del mar Rojo. Con el cambio
climático comienza su exterminio toda esta cultura de cazadores recolectores.
Una de estas comunidades, que posteriormente se transformarían en la cultura
que hoy denominamos natufitas,
en el período más álgido de la crisis climática, inicia la más importante
revolución de la historia humana: la producción de alimentos, hacia el 9.500
antes de la era común. Cuando el clima nuevamente se estabiliza, los natufitas establecen su centro cultural en la Isla Mítica,
donde fundan puertos y ciudades, -tales como Ugarit, Järmo y Jericó- e inician la expansión y colonización hacia
otros puntos de la tierra, llevando su prodigioso descubrimiento.
Su final épico,
acaecida hacia el 5.600 antes de la era común, detiene su expansión. El hecatombe
final, detectada inicialmente por los geólogos Ryan y Pitman, del cual nos
llegan hasta hoy sus ecos, fue producto de un cataclismo de gigantescas
proporciones que azotó la parte oriental de la cuenca mediterránea, evento que
según los registros del mundo científico, conmocionó prácticamente toda la tierra,
llevando sus cenizas hasta el Polo Norte y que tuvo como potencial foco la isla
de Sicilia y el volcán Etna, como lo señala hoy la investigadora italiana
por María Teresa Pareschi. Según establece
Pareschi, un tsunami masivo devastó tres continentes con olas de 50 metros,
causado por una enorme erupción piroplástica del Etna, hace 8 mil años, de
acuerdo con una amplia investigación arqueológica realizada desde Italia, que
abarcó Israel, Egipto y varios países más en la cuenca del Mediterráneo. Científicos
italianos del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología descubrieron ahora
que el Etna provocó en tiempos neolíticos un tsunami que alcanzó una velocidad
de 720 kilómetros por hora, golpeando las costas de tres continentes en pocas
horas. Las simulaciones computarizadas demostraron que en ese entonces un alud
de rocas, que hubiera cubierto todo Manhattan con una capa de la altura del
Empire State, rodó hacia el valle. El estudio fue publicado en la revista
Geophysical Research Letters” y se puede obtener más detalles en los siguientes
sitios:
http://www.foxnews.com/story/0,2933,233360,00.html
Este desastre, que abrió el canal del Bósforo, que inundó el lago Euxino
-transformándolo en el actual mar Negro- que cerró a su vez la conexión entre
el Mediterráneo y el actual mar Muerto, y que obstruyó la conexión entre el mar
Rojo y la cuenca mediterránea, destruyó también la primera cuna de la civilización, transformando la
región en pantanos inhabitables. Esta catástrofe, quedó registrado en el
relato platónico de la siguiente
forma “después del hundimiento [del mar] por el terremoto; una infranqueable
barrera de barro, no dejo navegar de parte alguna del océano” (Critias 108).
Sus descendientes, los bíblicos hijos de Noe, Sem
(“Igual”), Jafet (“Bonito”) y Kem
(“Negro”), que representan en la realidad tres grupos étnicos –semitas, grupos
indoeuropeos (probablemente pueblos de raíz célticas) y nubios- en el milenio
siguiente iniciaron nuevas civilizaciones en Egipto, Sumer, Yemen, India y sur
oriente de Europa, tal cual lo muestra el cuadro de la reputada arqueóloga e
investigadora Enriqueta Hawkes en su libro respaldado
por la UNESCO, “Prehistoria” en su página 266. Luego, estas nuevas
civilizaciones se extenderían hacia el oeste por todo el sur de Europa hasta
España -la bíblica Tarsis o cultura tartesia
según la arqueología, dejando su indeleble huella en los megalitos- por el
oriente hasta Mongolia y China, las bíblicas tierras de Og
y Magog, y finalmente América, las islas bíblicas.
Más detalles de esta relación se pueden encontrar en los artículos “La Atlántida y La
Biblia” y “La Atlántida y la religión judía” y “La Atlántida y los Megalitos”.
La historia de
esta primera civilización y su tradición quedó estampada en cientos de relatos
que están en la génesis de muchos pueblos con raíces semíticas, tradiciones que
se extienden desde la India hasta América, en textos como el Rig Veda y el Mito de Manu
de la cultura hindú hasta el Popul Vu de los mayas. Pero sin duda, de todos estos cientos
de textos, el más conocido es la Biblia Hebrea, de la cual es probable que
Solón haya extraído el relato de cual se generaría posteriormente el mito de la
Atlántida.
Los pueblos
indoeuropeos no célticos desarrollaron una versión distinta de esta génesis de
la civilización y la batalla contra el cambio climático, tradición que es
conocida como las “Batallas de Zeus”, que debió defender el Olimpo (palabra que
probablemente tiene su origen en la raíz semítica Olam
Ko “mundo de Dios”). Según la tradición
griega, la primera de estas batallas fue contra de los titanes -los mares-; luego de los gigantes -los volcanes- y luego con Tifón y finalmente con los Oleada, dioses monstruosos que
amenazaron a Zeus con secar y trasladar mares.