Critias
Platón
(106) TIMEOS: ¡Cuán agradecido estoy, Sócrates, de que he
llegado, y, como un viajero cansado después de un viaje largo, puede descansar!
Y mi ruego siempre es a quién siendo mayor, y ha sido ahora revelado a mí, garantizar
que mis palabras puedan perdurar, ya que le han sido dichas dentro de lo que es
verdadero y aceptable; pero si he dicho sin intención cualquier cosa
equivocada, ruego que él imponga sobre mí un castigo justo, y la recompensa
justa para aquel que yerre queriendo hacer lo recto.
Deseando, entonces, hablar la verdad en el futuro
referente a la generación de los dioses, les ruego que me den la sabiduría, que
de todas las medicinas es la más perfecta y la mejor. Y ahora, habiendo
ofreciendo mi ruego, me entrego al argumento de Critias, que debe hablar a
continuación según nuestro acuerdo.
CRITIAS: Y yo, Timeo, acepto la confianza, y como usted
al principio ha dicho que iba a hablar de altas materias y me ha pedido que si
pudiera mostrarle una cierta paciencia, pido también el mismo o la mayor
paciencia qué yo tengo acerca de lo he de decir. Y aunque sé muy bien que mi
petición puede parecer algo ambiciosa y descortés, sin embargo, yo debo
hacerla. (107) ¿Puede el hombre con criterio negar que usted ha hablado bien?.
Procuraré solamente mostrar que nadie
puede tener más indulgencia que usted, porque mi tema es más difícil; y
argumentaré eso porque me parece que hablar bien de los dioses a los
hombres es lejos más fácil que hablar bien de los hombres a los hombres: ante
la inexperiencia y la ignorancia completa de
sus oyentes sobre cualquier tema, es de gran ayuda para aquel que tenga que hablar de ello, puesto que
sabemos cuan ignorantes somos en lo referente a los dioses. Pero quisiera hacer
mí significado más claro, si usted me sigue. Todo que lo sea dicho por
cualesquiera de nosotros sólo puede ser representación e imitación; si
consideramos la semejanza que hay entre lo que hace un pintor de un cuerpo
divino y lo celestial, y los diversos grados de satisfacción con que el ojo
espectador lo recibe, nosotros estamos satisfechos con lo que vemos del artista
que tiene el poder de imitar la tierra y sus montañas en cualquier grado, y los
ríos, y los bosques, y el universo, y las cosas que comprende y que se mueven,
y además, esa sabiduría nada exacta sobre tal materia, nosotros no examinamos o
analizamos lo pintado; todo lo que se requiere en cierta medida un modo
indistinto y engañoso de representarlas vagamente. Pero cuando una persona se
esfuerza para pintar la forma humana, somos rápidos en descubrir defectos, y
nuestro conocimiento familiar nos hace jueces severos de quién no cumple con
cada aspecto de la semejanza. Y podemos observar que la misma cosa sucede en el discurso; estamos satisfechos
con un cuadro de cosas divinas y celestiales que tienen un grado muy pequeño de
semejanza; pero somos más precisos en nuestra crítica de cosas mortales y
humanas. Mas adelante, si mi discurso no
puede expresar convenientemente su significado, usted debe excusarme,
considerando que formar semejanzas aprobadas de cosas humanas es el revés de lo
fácil. Esto es lo que deseo sugerir a usted, (108) y en el mismo momento de
pedir, Sócrates, que pueda tener no menos, sino que me conceda más indulgencia
en lo que estoy a punto de decir. Por favor, si tengo razón en pedir, espero
que usted este listo para concedérmelo.
SOCRATES: Ciertamente, Critias, concederemos su petición,
y concederemos por igual con anticipación a Hermócrates, así como a usted y
Timeo; yo no tengo ninguna duda que cuando llegue su turno dentro de un rato,
él haga la misma petición que usted ha hecho. En orden entonces, de que él
puede proveer por sí mismo un nuevo comienzo, y no ser obligado a decir las
mismas cosas una vez finalizado lo suyo, déjelo entender que la indulgencia es
concedida ya por anticipado a él. Y ahora, amigo Critias, anunciaré a usted el
juicio del teatro. Ellos son de opinión que el ejecutante último era
maravillosamente exitoso, y que usted necesitará mucha indulgencia antes de que
pueda tomar su lugar.
HERMOCRATES: La advertencia, Sócrates, que a usted le ha
dirigido, también debe llegarme. Pero recuerde, Critias, que un corazón débil
nunca ha conquistado un trofeo; y por esto usted debe enfrentar el argumento
como un hombre. Primero invoque a Apolo y a las Musas, y a continuación
oigámosle sonar las alabanzas y mostrar las virtudes de los ciudadanos
antiguos.
CRITIAS: Amigo Hermócrates, usted, que se coloca por
último y tiene otro delante de usted, no ha perdido el corazón aún; la gravedad
de la situación pronta será revelada a usted; mientras tanto, acepto sus
exhortaciones y estímulos. Pero además de los dioses y de las diosas que usted
ha mencionado, invocaría especialmente a Mnemosyne; pues para toda la parte
importante de mi discurso dependo de su favor, y si puedo recolectar, y recitar
bastante lo qué fue dicho por los sacerdotes y traído por Solón, no dudo que
satisfaré las exigencias de este auditorio. Y ahora, no habiendo más de excusa,
procederé.
Déjeme comenzar observando primero que nada, que nueve
mil eran la suma de los años que habían transcurrido, desde la guerra que se
dijo ocurrió entre los que moraron fuera de las columnas de Hércules y todos lo
que moraron dentro de ellas; esta guerra es la que voy a describir. De los
combatientes de un lado, la ciudad de Atenas fue señalada como el líder y que
luchó hasta el fin de la guerra; en la otra cara, los combatientes eran
liderados por los reyes de la Atlántida, que, como decía, era una isla mayor en
extensión que Libia y Asia, y que después del hundimiento por un terremoto, se
convirtió una barrera infranqueable de fango, que por lo tanto, impidió que los
viajeros navegaran a cualquier parte del océano. (109) El progreso de la historia revelará las
varias naciones de bárbaros y de las familias de helenos que entonces
existieron, cuando sucesivamente aparecen en la escena; pero debo describir
primero a todos los atenienses de ese día, y sus enemigos que lucharon con
ellos, y también las potencias y los gobiernos respectivos de los dos reinos.
Demos la precedencia a Atenas.
En los días antiguos, los dioses tenían la tierra entera
distribuida entre ellos por asignación. No hubo pelea; para que ustedes no
supongan que los dioses no sabían cuánto era apropiado que cada uno tuviera, o,
sabiendo esto, que intentaran procurar para sí mismos lo que pertenecía más
correctamente a otros. Todos obtuvieron lo que desearon en un reparto justo, y
poblaron sus propios distritos; y cuando tuvieron sus poblados, atendieron sus
posesiones como los pastores cuidan a sus rebaños, exceptuando solamente que no
utilizaban silbidos o la fuerza corporal, como hacen los pastores, sino nos
gobernaron como pilotos desde la popa de un navío que es una manera fácil de
dirigir animales, dirigiendo nuestras almas por el timón de la persuasión según
su propio placer; así dirigieron a todas las criaturas mortales. Ahora diversos
dioses tenían sus asignaciones en distintos lugares que fijaron en orden.
Hefaistos y Atenea, que eran hermano y hermana, y salieron del mismo padre,
tenían una naturaleza común, y estando unidos también en el amor a la filosofía
y el arte, ambos obtuvieron como su porción común esta región, que fue adaptada
naturalmente para la sabiduría y la virtud; y allí implantaron a hijos valientes
en la tierra, y pusieron en sus mentes el orden del gobierno; se preservan sus
nombres, pero sus acciones han desaparecido por causa de la destrucción de
aquellos que sufrieron la tradición, y del lapso de las edades.
Cuando hubo algunos sobrevivientes, como ya he señalado,
ellos eran hombres que moraban en las montañas y eran ignorantes del arte de la
escritura, y habían oído solamente los nombres de los jefes de la tierra, pero
muy poco sobre sus acciones. Sus nombres
les fueron dados a sus hijos; pero de las virtudes y las leyes de sus
predecesores, los sabían solamente por tradiciones obscuras; y como a ellos
mismos y a sus hijos les faltó por muchas generaciones lo indispensable de la
vida, dirigieron su atención a suplir sus necesidades, y de ellas conversaron, (110) olvidándose primero
de los acontecimientos que habían sucedido en largas épocas del pasado; ya
que la mitología y las preguntas de la
antigüedad se introducen primero en ciudades cuando comienzan a tener ocio y cuando
ya ven que se han proporcionado lo indispensable de la vida, pero no antes. Y
ésta es la razón por la que los nombres de los antiguos se han preservado en
nosotros y no sus acciones. Esto lo deduzco porque Solón dijo que los
sacerdotes, en su narrativa de esa guerra, mencionaron la mayoría de los
nombres que se registran antes de la época de Teseo, tal como Cecrops, y
Erechtheus, y de Erichthonius, y Erysichthon, y los nombres de las mujeres de
modo semejante. Más aún, puesto que las acciones militares eran entonces campo
común a los hombres y mujeres, los hombres de esos días, de acuerdo con la
costumbre del tiempo, instalaron una figura e imagen de la diosa con armadura
completa, para que fuesen testimonio de que todos los animales que se asocian
juntos, tanto varón como hembra, pueden practicar en común, porque les place,
la virtud que pertenece a ellos sin distinción de sexo.
Ahora el país fue habitado en esos días por varias clases
de ciudadanos; había artesanos, y habían granjeros, y habían también una clase
del guerrero originalmente establecida por separado por los hombres divinos.
Los últimos moraba por sí mismos y tenían
todas las cosas convenientes para su sustento y su educación; ni tampoco
tenían ninguno alguna cosa propia, pero miraron todos lo que tenían como
propiedad común; ni demandaban recibir de los otros ciudadanos cualquier cosa
más que su alimento necesario. Y practicaron todas las búsquedas que
describimos ayer como las de nuestros guardas imaginarios.
Referentes al país, que los sacerdotes egipcios dijeron
que no es solamente probable, sino verdad absoluta, que los límites estaba en
esos días fijados por el Itsmo, y ése en la dirección del continente que ellos
extendieron hasta las alturas de Cithaeron y de Parnes; la línea del límite
bajaba en la dirección del mar, teniendo el distrito de Oropus en la derecha, y
con el río Asopus como el límite a la izquierda. La región era la mejor del
mundo, y podía por lo tanto en esos días, sustentar a un ejército extenso,
organizado con la gente circundante. Incluso el remanente de Attica que ahora
existe puede compararse con cualquier región en el mundo por la variedad y la
excelencia de sus frutas y lo adecuado de sus pastos (111) para toda clase de
animales, lo que prueba lo que estoy diciendo; pero en esos días el país era
justo como ahora y rendimiento producido lejos más abundante. ¿Cómo confirmar
mis palabras y qué parte de ella se puede de verdad llamar un remanente de la
tierra que entonces había?. El país entero es solamente un largo promontorio extendido
lejos en el mar, lejos del resto del continente, mientras que la cuenca
circundante del mar es profunda por todas partes en la vecindad de la costa.
Muchos grandes diluvios han ocurrido durante los nueve mil años, porque ése es
el número de los años que han transcurrido desde el tiempo del cual estoy
hablando; y durante todo éste y a través de muchos cambios, nunca ha poseído
ninguna acumulación considerable de la tierra que baja de las montañas, como en
otros lugares, la tierra de todo alrededor ha caído lejos y se ha hundido una
gran cantidad.
La consecuencia es, que en comparación con lo que
entonces había, quedan tan sólo los huesos del cuerpo perdido, como puede ser
llamada, como en el caso de islas pequeñas, donde todas las partes más ricas y
más suaves del suelo caen lejos, y queda el mero esqueleto de la tierra que se
fue. Pero en el estado primitivo del país, sus montañas eran colinas altas
cubiertas con sedimentos, y los llanos, como son llamados por nosotros, de
Phelleus estaban llenos de tierra rica, y había abundancia de madera en las
montañas. De este último todavía sigue habiendo los rastros, porque aunque la
nieve de la montaña proporciona sólo algo de alimento a las abejas, no hace
mucho tiempo todavía se podían ver techos con la madera cortadas de los árboles
que crecían allí, la cual tenía tamaño suficiente para cubrir las casas más
grandes; y había muchos otros árboles altos, cultivados por el hombre y
presencia de abundancia de alimento y ganados. Más aún, la tierra obtenía el
beneficio de la caída anual de lluvia,
no como ahora que el agua que fluye a descubierto de la tierra al mar, pero
teniendo abundancia en todo lugar, y recibir y atesorar parte de ella en
lugares cerrados del suelo, en depresiones de altura, y proporcionar por todas
partes abundantes fuentes y ríos, todavía es posible observar en silenciosos
lugares sagrados, los vestigios allí donde una vez existió una fuente; y esto
prueba la verdad de lo que estoy diciendo.
Tal era el estado natural del país, que fue cultivado,
como muy bien podemos creer, por verdaderos
campesinos, que supieron dirigir bien sus negocios, y eran amantes del
honor, y de una naturaleza noble, y tenían el mejor suelo del mundo, y
abundancia de agua, y en el cielo un templado clima. Ahora la ciudad en esos
días fue arreglada sabiamente. En el primer lugar la Acrópolis no estaba como
ahora. (112) El hecho es que una sola noche de lluvia
excesiva lavó lejos la tierra y puso al descubierto la roca; al mismo tiempo
hubo temblores, y después ocurrió una inundación extraordinaria, que fue la
tercera antes de la gran destrucción de Deucalion.
Pero en épocas primitivas la colina del Acrópolis se
extendió al Eridanus y al Ilissus, e incluyó el Pnyx en una cara, y el
Lycabettus como límite en la cara opuesta al Pnyx, y estaba toda bien cubierta
con la tierra, y llana en la cima, excepto en un o dos lugares. Fuera del
Acrópolis y bajo los costados de la colina, moraban los artesanos, y tal como
los campesinos labraban la tierra cerca; la clase guerrera moró por sí mismos
alrededor de los templos de Atenea y de Hephaestus en la cumbre, donde más aún
ellos habían incluido una sola cerca como el jardín de una única casa. En la
cara del norte tenían viviendas en un campo común y habían erigido pasillos
para cenar en invierno, y tenían todos los edificios que necesitaron para su
vida común, además de los templos, pero no había en ellos adornos con oro y
plata, porque no hicieron uso alguno de ellos para ningún propósito; tomaron un
nivel medio entre la pobreza y la ostentación, y construyeron casas modestas en
las cuales ellos y los hijos de sus hijos crecieron, y les dieron ayuda a otros que eran como sí mismos, siempre
iguales. Pero en verano salían de sus jardines y pasillos y gimnasios, y
entonces la cara meridional de la colina era
usada por ellos para el mismo propósito. Donde ahora está el Acrópolis
había una fuente, que fue estrangulado por el terremoto, y ha dejado solamente
unos chorros pequeños que todavía existen en la vecindad, pero en esos días la
fuente dio un manantial abundante de agua para todos y de temperatura
conveniente en verano y en invierno. Así fue cómo moraron, siendo los guardas
de sus propios ciudadanos y los líderes de los helenos, que eran sus seguidores
dispuestos.
Y tuvieron cuidado de preservar el mismo número de
hombres y de mujeres siempre, siendo tantos como eran requeridos para
propósitos guerreros, es decir, cerca de veinte miles. Tales eran los
atenienses antiguos, y de que esta forma ellos administraban virtuosamente su
propia tierra y el resto del Hélade; siendo ellos famosos por toda Europa y Asia por la belleza
de sus personas y por las muchas virtudes de sus almas, y de todos los hombres
que vivieron en esos días, eran los más ilustres.
Y a continuación, si no me he olvidado de lo que oí
cuando era un niño, enseñaré a ustedes el carácter y el origen de sus
adversarios. Los amigos no se deben guardar sus historias para sí mismos, sino
tenerlas en común.
(113) Sin embargo, antes de ir
más allá con en la narración, debo advertirles, que ustedes no deben ser
sorprendidos si quizás oye nombres
helénicos dados a los extranjeros. Le diré la razón de esto: Solón, que se
proponía utilizar el cuento para su poema, investigó en el significado de los
nombres, y encontró que los primeros egipcios, al escribirlos, los habían
traducido a su propio idioma, y él, recuperó el significado de varios nombres,
y al volverlos a copiar, los tradujo a nuestro idioma.
El padre de mi abuelo, Drópides, tenía la escritura
original, que todavía está en mi posesión, y fue estudiado cuidadosamente por
mí cuando era un niño. Por lo tanto, si usted oye nombres que se utilizan en
este país, usted no debe ser sorprendido, porque he dicho cómo fueron presentados.
El cuento, que era de gran longitud, comenzó como sigue:
He recalcado antes, hablando del reparto efectuado por
los dioses, de que distribuyeron la tierra entera en porciones de diferentes
tamaños, e hicieron para ellos templos e instituyeron sacrificios. Y Poseidón,
recibiendo para sí la isla de Atlántida, tuvo hijos de una mujer mortal y los
instaló en una parte de la isla, que describiré. Mirando hacia el mar, pero en
el centro de la isla misma, había un llano que se dice fue el más hermoso de todas
las planicies y muy fértil. Cerca de la misma llanura, y también en el centro
de la isla, a una distancia de cerca de cincuenta estadios, había una montaña
no muy alta por ninguno de sus lados.
En esta montaña moró uno de los virtuosos hombres
mortales de ese país, cuyo nombre era Evenor, y él tenía una esposa nombrada
Leucippe, y tenían una única hija que fue llamada Cleito. La virgen había
alcanzado ya la pubertad, cuando su padre y madre murieron; Poseidón se enamoró
de ella y tuvo relaciones con ella, y rompiendo la tierra alrededor, incluida
la colina en la cual ella moró, hizo zonas alternas de mar y tierra más grandes
y más pequeñas, cercando una de la otra; haciendo dos de tierra y tres del
agua, a la que él dio vuelta como con un torno, cada uno tenía su
circunferencia equidistante desde el centro, de modo que ningún hombre pudiera
llegar a la isla ni aunque lo hicieran navegando.
Él mismo, siendo un dios, no tuvo ninguna dificultad en
hacer arreglos especiales para el centro de la isla, trayendo dos manantiales
desde debajo de la tierra, una de agua caliente y otra fría, e hizo que se
originara toda clase de alimentos desde la abundancia del suelo. Él también
tuvo y crió cinco pares de niños gemelos masculinos; y dividiendo la isla de
Atlántida en diez porciones, (114) le dio al primer nacido del par de mellizos
mayores la morada de su madre y le asignó todo lo circundante, que era lo más
grande y mejor, y lo hizo rey sobre el resto; a los otros los hizo príncipes, y
les dio autoridad sobre muchos hombres, y de un territorio grande. Y él les dio
nombre a todos; al mayor, que era el primer rey, lo nombró a Atlas, y en honor a él la isla entera y el océano
fueron llamados Atlántico. Su hermano gemelo, quien nació después de él, obtuvo
como su porción la extremidad de la isla hacia las columnas de Hércules, de
cara a la que ahora se llama región de Gades en aquella parte mundo, su nombre
en lenguaje helénico es Eumelus, en lenguaje de su país es Gadeirus, nombrado
en honor a él. Del segundo par de gemelos él llamó a uno Ampheres, y al otro
Evaemon. Al mayor del tercer par de gemelos él dio el nombre conocido de
Mneseus, y Autochthon a quién lo siguió. Del cuarto par de gemelos él llamó
Elasippus al mayor, y Mestor al más joven. Y del quinto par de mellizos, él dio
al mayor el nombre de Azaes, y al más joven de ellos Diaprepes.
Todo ellos y sus descendientes por muchas generaciones
fueron los habitantes y gobernadores de diversas islas en el mar abierto; y
también, como se ha dicho ya, influyeron en nuestra dirección por todo el país
dentro de las columnas tan lejos
como Egipto y Tirrenia.
Ahora Atlas tenía una familia numerosa y honorable, y
conservaron el reino, el mayor de los hijos lo traspasaba al mayor de sus
descendientes por muchas generaciones; y tenían tal cantidad de bienestar como
nunca antes fue poseído por reyes y potentados, y no es probable que ocurra
otra vez, y fueron equipados con todo que necesitaban en la ciudad y en el
campo. Debido a lo grandioso de su imperio muchas cosas les fueron traídas de
países extranjeros, y la isla misma proporcionó la mayoría de lo qué fue
requerido para las necesidades de la vida. En primer lugar, cavaron la tierra
que era sólida para buscar allí lo que podía dar, y que ahora es solamente un nombre y era entonces algo
más que un nombre, oricalcum, que era extraído en muchas partes de la isla,
siendo más precioso en esos días que cualquier cosa excepto el oro. Había
abundancia de madera para el trabajo de los carpinteros, y suficiente alimento
para los animales domésticos y salvajes. Además, había una gran cantidad de
elefantes en la isla (115),
siendo ese el animal más grande y más voraz de todos; pues había disposición
para todo tipo de animales, para los que viven en los lagos y los pantanos y
los ríos, y también para los que viven en las montañas y en las llanuras, de
manera que también había alimento para el más grande y feroz de todos.
También crecían y prosperaban en esa tierra las cosas más
fragantes que ahora hay en la tierra, ya fuesen raíces, o hierbas, o maderas, o
esencias que destilan de la fruta y de la flor; también fruta que admitía su
cultivo, de tipo seca, que se nos puede dar para alimento y cualquier otra que
nosotros utilizamos para alimentarnos que llamamos a todas por nombre común
legumbres, y fruta que tiene una dura cáscara, que produce bebida y carne y
ungüento, y buenos almacenes de castañas y similares, que suministran placer y
diversión, y fruta que se estropea si se almacena, y placenteros tipos de
postres, con los que nos consolamos después de cenar, cuando estamos cansado de
comer -todos esto tenía cabida en la isla sagrada bajo la luz del sol, que se
ponía de manifiesto en justa y maravillosa e infinita abundancia.
Con tales bendiciones que la tierra libremente los dotó;
ellos, mientras, construyeron sus templos y palacios y puertos y muelles. Y
arreglaron el país entero de la forma siguiente:-
- Primero que todo hicieron puentes sobre las zonas del
mar que rodeaba la antigua metrópoli, haciendo un camino a y desde el palacio
real. Y muy al comienzo construyeron el palacio en la morada del dios y de sus
antepasados, que continuaron adornando en generaciones sucesivas, cada rey
sobrepasó a quién fue antes el máximo poder, hasta que hicieron del edificio un
símbolo de su autoridad por su tamaño y por su belleza. Y comenzando desde el
mar cavaron un canal de trescientos pies de anchura y de cien pies de
profundidad y cincuenta estadios de longitud, que atravesó la mayoría de la zona,
haciendo un paso desde mar hasta él, que se convirtió en un puerto, y dejando
una apertura suficiente para permitir el ingreso a las embarcaciones más
grandes. Además, dividieron en los puentes las zonas de la región, que dividían
las áreas del mar, dejando sitio para el
paso de un solo trireme de una zona en otra, y concluido el paso, llenaron los
canales para dejar una vía debajo para las naves; siendo las orillas levantadas
considerablemente sobre el agua. Ahora, la más grande de las zonas en las cuales
fue cortado un paso de éstos era de tres estadios de anchura, y la zona de la
región que vino después fue de anchura igual; pero las dos zonas siguientes,
una de agua, otra de mar, eran de dos estadios, y el que rodeó la isla central
era de un estadio solamente en anchura. (116) La isla en la cual el palacio fue situado
tenía un diámetro de cinco estadios. Todo esto incluyendo las zonas y el
puente, que era la sexta parte de un estadio en anchura, rodeó la metrópoli
antigua, haciendo un camino a y desde el palacio real, que fue rodeado por una
pared de piedra en cada cara, poniendo torres y puertas en los puentes donde el
mar pasaba.
La piedra que fue utilizada en el trabajo se extrajo de
abajo de la isla central, y de abajo de
las zonas cercanas tanto del lado externo como del lado interno. Una
clase era blanca, otra negra, y una tercera roja, y como excavaron, al mismo
tiempo ahuecaron afuera gradas dobles, haciendo azoteas formadas de la roca
nativa. Algunos de sus edificios eran simples, pero en otros pusieron juntas
diversas piedras, variando el color a favor del ojo, y siendo una fuente
natural de placer. El circuito entero de la pared, que estaba alrededor de la
zona exterior, la cubrieron con una capa de bronce, y el circuito de la pared
siguiente la cubrieron con estaño, y el tercero, que abarcó la ciudadela,
centelleaba con la luz roja del cobre.
Los palacios en el interior de la ciudadela fueron
construidos en esta forma: en el centro había un templo sagrado dedicado a
Cleito y a Poseidón, que seguía siendo inaccesible, y fue rodeado por un
recinto del oro; éste era el punto donde la familia de los diez príncipes
primero vieron la luz, y en el tercero la gente traía anualmente las frutas de
la estación de todas las diez porciones de tierra, como ofrenda a cada uno de
los diez. Aquí estaba el templo de Poseidón que era de un estadio en longitud,
y la mitad de un estadio en anchura, y de una altura proporcionada, teniendo un
aspecto barbárico extraño. Todo el exterior del templo, a excepción de los
pináculos, lo cubrieron con plata, y los pináculos con oro. En el interior del
templo el techo era de marfil, curiosamente labrado por todas partes con oro y
plata y cobre; y en el resto de piezas,
las paredes y los pilares y suelo, las cubrieron con cobre.
En el templo colocaron las estatuas del oro: el dios
mismo estaba parado en un carro -- el aurigas de seis caballos alados -- y de
tal talla que tocó la azotea del edificio con su cabeza; alrededor de él había
cientos de Nereidas cabalgando sobre delfines, representando el número de ellos
de esos días. Había también en el interior del templo otras imágenes que habían
sido dedicadas por las personas privadas. Y alrededor del templo en el exterior
estaban colocadas las estatuas del oro de todos los descendientes de los diez
reyes y de sus esposas, y había muchas otras grandes ofrendas de reyes y de
personas privadas, venidas de la ciudad misma y de las ciudades
extranjeras sobre las cuales gobernaban.
Había un altar también, que era magnífico (117) por tamaño y artesanía, y palacios
semejantes, respondiendo a la grandeza del reino y a la gloria del templo. En
un lugar anexo, tenían fuentes, una de frío y otra de agua caliente, que fluía
en graciosa abundancia; y estaban maravillosamente adaptados para el uso por
causa de lo placentero y excelencia de sus aguas. Construyeron edificios
alrededor de ellos y plantaron árboles convenientes, también hicieron
cisternas, algunas abiertas al cielo, otras cubiertas, para ser utilizado en
invierno como baños calientes; estaban los baños de los reyes, y los baños de
las personas particulares, que fueron mantenidas separadas; y había baños
separados para las mujeres, y para los caballos y ganados, y a cada uno de
ellas proporcionaron tanto adorno como era apropiado. De las aguas que
escurrían se llevaron algunas al bosquecillo de Poseidón, en donde crecía todo
tipo de árboles de altura y de belleza maravillosa, producto de la excelencia
del suelo, mientras que el resto era transportado por los acueductos a lo largo
de los puentes a los círculos externos; y había muchos templos construidos y
dedicados a muchos dioses; también los jardines y los lugares del ejercicio,
algunos para los hombres, y otros para los caballos en las dos islas formadas
en la zona; y en el centro de la más grande había un hipódromo de un estadio en
anchura, y en longitud se extendía alrededor de la isla, para que los caballos
corrieran. También había casas de guardias a intervalos, para los vigilantes
más confiables a quiénes les era entregada la vigilancia de la pequeña zona,
que era la más cercana el Acrópolis; mientras que los más confiables tenían las
casas existentes dentro del ciudadela, cercanas a las personas de los reyes.
Los muelles estaban llenos de triremes y de almacenes navales, y todas las
cosas estaban absolutamente listas para ser usadas. Basta del plano del palacio
real.
Saliendo del palacio y saliendo a través de los tres
puertos, usted veía el muro que comenzaba en el mar y todo alrededor: todo esto
estaba a cincuenta estadios de distancia de la zona o puerto más grande, e
incluyó el conjunto, los extremos que se encontraban en la boca del canal que
conducía al mar. El área entera estaba densamente poblada con viviendas; y el
canal y el más grande de los puertos estaban llenos de naves y comerciantes que
venían de todas las regiones, que, por su número, mantenían un multitudinario sonido de voces humanas, y
un estruendo ensordecedor y confuso de toda clase noche y día.
He descrito la ciudad y los alrededores del antiguo
palacio casi en las palabras de Solón, y ahora debo esforzarme para representar
a usted la naturaleza y la disposición del resto de la región. (118) El país entero
según contó él, era muy alto y empinado en la cara del mar, pero el sector
inmediatamente alrededor y rodeando la ciudad era un llano, circundado por
montañas que descendían hacia el mar; era liso y uniforme, y de una dimensión
de una variable oblonga, extendiéndose en una dirección tres mil estadios, pero
a través del centro interior eran dos mil estadios. Esta parte de la isla
miraba hacia el sur, y era protegida del norte. Las montañas circundantes eran
celebradas por su número y tamaño y belleza, lejos más allá de cualesquiera que
todavía existan, habiendo en ellas también muchas aldeas ricas de la gente del
país, y ríos, y lagos, y prados proveyendo el alimento suficiente para cada
animal, salvaje o domesticado, y mucha madera de varias clases, abundante para
cada clase de trabajo.
Ahora describiré el llano, como estaba formado por la
naturaleza y por los trabajos de muchas generaciones de reyes con edades
largas. Era en la mayor parte rectangular y oblonga, y donde terminaba la línea
recta seguía la zanja circular. La profundidad, y la anchura, y la longitud de
este foso eran increíbles, y daba la impresión que un trabajo de tal extensión,
además de muchos otros, nunca habría podido ser artificial. Sin embargo debo
decir lo que me dijeron. Fue excavado a la profundidad de cien pies, y su
anchura era de un estadio por todas partes; fue llevada alrededor del conjunto
del llano, y era de diez mil estadios en longitud. Recibía el torrente que
bajaba de las montañas, y de la vuelta alrededor del llano y confluyendo en la
ciudad, era de allí al mar. Más lejos tierra adentro, asimismo, los canales
rectos de cien pies en anchura fueron cavados a través del llano, y los dejaban
caer otra vez en el foso que conducía al mar: estos canales estaban en los
intervalos de cien estadios, y por ellos transportaban abajo de las montañas la
madera a la ciudad, y transportaron las frutas de la tierra en naves, cortando
pasos transversales a partir de un canal en otro, y a la ciudad. Dos veces en
el año recolectaron los frutos de la tierra -- en el invierno que tiene la
ventaja de las lluvias del cielo, y en verano el agua que la región proveyó
introduciendo torrente de los canales.
En cuanto a la población, cada una de las parcelas en el
llano escogió un líder para los hombres que estaban aptos para el servicio
militar, (119) y el
tamaño de la porción era de diez estadios, y el número total de todas las
parcelas era sesenta mil. Y de los habitantes de las montañas y del resto del
país había también una vasta multitud,
que estaba distribuida en las secciones y tenía líderes asignados por ellos
según sus distritos y aldeas. Se requirió equipar al líder para la guerra, la
sexta parte de ellos con carros de guerra, hasta hacer un total de los diez mil
carros; también dos caballos y jinetes para ellos, y un par de caballos sin
montura para los carros, acompañado de un jinete que podía luchar de pie
llevando un escudo pequeño, y teniendo un aurigas que estaba parado detrás de
los hombres con armadura para dirigir los dos caballos; también, equiparon a
dos soldados con armadura pesada, dos arqueros, dos honderos, tres lanzadores
de piedras y tres hombres con javalinas, con armadura ligera, y cuatro
marineros como dotación de las mil doscientas naves. Así era el orden
militar de la ciudad real y --aunque sea aburrido referirse a sus muchas
diferencias- el orden de los otros nueve variados gobiernos.
En cuanto a cargos
y honores, el siguiente era el arreglo del primero. Cada uno de los diez reyes tenía el
control absoluto de los ciudadanos en su propia división y en su propia ciudad,
y, en la mayoría de los casos, de las leyes, castigando y matando a cualquiera
que él quisiera. Ahora el orden de precedencia entre ellos y sus relaciones
mutuas fue regulado por las disposiciones
de la ley que Poseídon les había otorgado. Éstas fueron inscritas por los
primeros reyes en un pilar del cobre, que estaba situado en el centro de la
isla, en el templo de Poseidón, donde los reyes se reunían cada quinto y cada
sexto año alternativamente, dando así igual honor al número impar y par. Y
cuando estaban reunidas se consultaban sobre sus intereses comunes, e
investigaban si habían transgresiones de cualquier tipo, y hacían un juicio, y
antes de que empezara el juicio, ellos establecían sus compromisos de los unos
con los otros de esta manera:- -Había toros que estaban a disposición del
templo de Poseidón; y los diez reyes, estando solos en el templo, después de
que hubiesen rezado al dios para que pudiesen capturar a la víctima que le era
aceptable, atrapaban un toro, sin armas, pero con bastones y lazos; y el toro
que capturaban lo conducían al pilar y cortaban su garganta en la parte de
arriba, dejando que la sangre cayese sobre la inscripción sagrada. En el pilar,
además de las leyes, estaba inscrito un juramento que invocaba poderosas
maldiciones contra los desobedientes. Luego, después de matar el toro de la
manera acostumbrada, se quemaban sus miembros, llenaban una fuente de vino y
ponían un coágulo de la sangre para cada uno de ellos; (120) el resto de la víctima la ponían en
el fuego, después de haber purificado completamente alrededor de la columna.
Después llenaban copas de oro con la fuente, y vertían una libación en el
fuego, jurando que enjuiciarían según las leyes sobre el pilar, y que
castigarían a cualquiera que hubiese transgredido alguna norma de ellas, y que
para el futuro ellos, si no tenían auxilio, no ofenderían la escritura en el
pilar, y ni se lo ordenarían a otros, y obedecerían a toda regla que lo
ordenara, actuando sabiamente según los leyes de su padre Poseidón. Éste era la
oración que cada uno de ellos elevaba para sí mismo y para sus descendientes,
al mismo tiempo que bebían y consagraban
la copa que bebió en el templo del dios; y después de haber cenado y satisfecho
su necesidad, cuando llegaba la oscuridad, y el fuego sobre el sacrificio
estaba frío, todos vestidos con hermosos trajes de azur, y sentándose en la
tierra, en la noche, apagadas las ascuas de los sacrificios por los cuales
habían jurado, y extinguido todo el fuego en el templo, recibían y daban
juicio, si cualesquiera de ellos traía una acusación; y cuando habían emitido
el juicio, al amanecer anotaban sus sentencias en una tablilla de oro, y
dedicaban sus trajes para hacer un monumento conmemorativo.
Había muchas leyes especiales que concernían a los
respectivos reyes inscritos uno después
de otros en los templos, pero la más importante era la siguiente. No debían
tomar armas uno contra otros, y todos debían venir al rescate si alguno en
cualquier ciudad intentaba trastornar la casa real; como sus antepasados,
debían deliberar en forma común sobre la guerra y otras materias, dando la
supremacía a los descendientes de Atlas. Y el rey no tenía poder sobre la vida
y la muerte de ninguno de súbditos sin tener el consentimiento de la mayoría de
los diez.
Este era el vasto poder que el dios colocó en la isla
perdida de Atlántida; y así actuó en contra de nuestra región por las razones
siguientes, como la tradición dice: Por muchas generaciones, mientras la
naturaleza divina permaneció con ellos, eran obedientes de las leyes, y bien
intencionados con el dios, que era su origen; porque poseyeron verdad y
grandeza espiritual en toda forma, uniendo gentileza con sabiduría en los
diversos riesgos de la vida, y en las relaciones de unos con otros. Desdeñaron
todo menos la virtud, sintiendo poco por sus vidas presentes, y pensaban
tenuemente en la posesión de oro y de otros bienes, que les parecía solamente
una carga; ni se intoxicaron con el lujo; ni la abundancia los privó de su
autodominio; (121)
ellos siempre eran sobrios, y veían claramente que todos estos bienes eran
sobrepasados por la virtud y amistad con otros, donde era muy grande la
consideración y el respeto para ellos, se fueron perdiendo y la amistad con
ellos.
Con tales ideas y mientras permaneció con ellos la
naturaleza divina, las cualidades que hemos descrito crecieron y aumentaron
entre ellos; pero cuando la porción divina se comenzó a descolorar, y se diluyó
también demasiado seguido en la mezcla con los mortales, entonces la naturaleza
humana venció la mano superior, siendo
ellos incapaces de sostener su fortuna, se hicieron indecorosos, y él que tenía
un ojo para ver se desalentó visiblemente, porque ellos estaban perdiendo el
más justo de sus regalos preciosos; pero los que no tenían ningún ojo para ver
la verdadera felicidad, se sentían gloriosos y bendecidos al mismo tiempo
cuando estaban llenos avaricia y de potencia irracional.
Zeus, dios de dioses, quien gobierna según la ley, y con
poder para ver tales cosas, percibió que una honorable raza estaba en
dificultades, y deseando infligirles un castigo, para que pudieran corregirse y
mejorar, convocó a todos los dioses en su más santa habitación, que, puesta en
el centro mundo, es el soporte de todo lo creado. Y cuando los hubo reunido a
todos, él les habló como sigue --**
(el resto del diálogo de Critias se ha perdido o jamás
fue terminado)