La Atlántida y los Megalitos

Por Jaime Manuschevich

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Uno de los mayores misterios aún inexplicados por la antropología, la ciencia y  la historia es el megalitismo o levantamiento de gigantescas piedras en un período específico de la historia de la humanidad. Sobre este fenómeno abundan explicaciones sobre-naturales, tales como enterramientos, culto a los muertos, misteriosos ritos y ceremonias… todo se funde y mezcla en los megalitos. Se distribuyeron por toda Europa occidental, tanto en la costa atlántica como en algunos puntos del Mediterráneo. Entre las más relevantes están Carnac (Francia) y Stone-hedge (Inglaterra). En la historia oficial, la construcción de megalitos está asociada a una revolución social importante que comenzó unos 5.000 años antes de era común. El período coincide con el fin  de la Prehistoria en muchos lugares, tales como las cuencas de los ríos Tigris, Eufrates, Nilo, Indo… donde las primeras civilizaciones ya están surgiendo. En Europa occidental las cosas toman otro cariz y el Neolítico perduró más tiempo hasta que las culturas del Mediterráneo oriental fueron cobrando mayor importancia. 

Esta tradición megalítica se extinguió hace unos 4.500 años, de forma tan súbita como surgió. Sólo el impresionante complejo de Stonehenge siguió ampliándose, pero también tuvo su fin. Desde la historia reconocida, no ha existido ninguna continuidad o eslabón que nos oriente sobre su posible significado. El máximo apogeo de esta cultura llegó alrededor del 3.000 antes de J.C., época de construcción de los más importantes como el ya citado Stonehedge (Inglaterra), Newgrange (Irlanda) y los alineamientos de Carnac (Francia).

La explicación de la historia oficial

Hoy, algunos investigadores comienzan a relacionarla con un cambio cultural provocado por el cambio climático, señalando que los habitantes del continente europeo tuvieron que variar su estilo de vida de tal manera que se llegó a una situación en la que el sistema de creencias fue muy importante para sostener a una sociedad distinta a la de antaño y que este cambio se manifestó con estas construcciones. Se señala que cuando acabó la última glaciación el entorno fue cambiando de forma  rápida. Los bosques avanzaban hacia el norte y colonizaban tierras donde antes sólo había hielo y el suelo estaba congelado (permafrost). Los seres humanos debían aprender a sobrevivir en un medio diferente, adaptando las técnicas de caza practicadas antes en las estepas, mutándose en agricultores y en sedentarios.

Según esta teoría, cuando un grupo humano se hace sedentario, su forma de vida y sus relaciones cambia mucho y muy rápidamente. Uno de los cambios tiene que ver con el reparto del trabajo, la especialización en la fabricación de utensilios y redistribución de bienes y servicios. La organización del grupo debía ser mayor y, al aumentar cada vez más la población, los recursos fueron haciéndose más escasos, se comenzarían a reivindicar con más ahínco territorios como propiedad siendo posiblemente el origen de algunas disputas. Por tanto, en ese proceso, el culto a los antepasados parece crucial en todas estas culturas durante el gran espacio de tiempo que se mantuvo la tradición megalítica. Se piensa que las diferentes tumbas y los menhires representan a los antepasados cuyos espíritus se consideran siempre presentes y que participan en las ceremonias. Los sacrificios podrían servir para apaciguar a los antepasados o para garantizar el ingreso en el reino de los muertos, por ejemplo. La tumbas con entradas de corredor, como si la entrada a una cueva profunda y misteriosa se tratase, parece la puerta al reino de los muertos o la morada de la Madre Tierra.

La verdad es otra

La construcción de megalitos está asociada a la revolución social y cultural más importante de la historia humana: la expansión de la producción de alimentos -la agricultura y la ganadería- de oriente a occidente, que es también la expansión de pueblos semíticos, nuestros atlántidos. Sabemos hoy que la producción de alimentos comenzó hace más de 11.500 años en la zona de Canaán o el Israel actual. Luego, el fin de la mítica cuna de la civilización,  como ya quedó establecido, a mediados del VI milenio, llevó a sus habitantes a extenderse en nuevas colonias tanto a Oriente como Occidente.  En Oriente, grupos de atlántidos o míticos hijos de Noé, Jafet, Kem y Sem,  se asentaron principalmente las cuencas de los ríos Danubio, Tigris, Eufrates, Nilo, Indo… donde nacen las primeras civilizaciones reconocidas por la historia oficial.  Pero un grupo de los hijos de Jafet se extienden en la dirección contraria, por las costas, hacia Europa occidental, llegando hasta Ingla-terra e incluso Suecia. Su expansión se puede apreciar claramente en el mapa anexo. Mientras más lejos del antiguo centro, las cosas son más difíciles, ya que no existe ninguna base cultural o técnica previa sobre la cual apoyarse, lo que hizo  que este proceso perdurara por más tiempo, siendo su desarrollo más débil que las culturas del Mediterráneo oriental o del Oriente Medio, que con el tiempo fueron cobrando cada vez mayor importancia.

Sus conocimientos

Una de las mayores pruebas que el levantamiento de estos megalitos proviene de una civilización desarrolla es el conocimiento almacenado en ellos. Detrás de cada una de estas piedras que los atlántidos pusieron, existe una enorme información astronómica, que no podrían disponer pueblos primitivos que venía de la caza y la recolección y que no tenían conocimiento de agricultura ni de astronomía ni de los ciclos del sol y la luna. Los megalitos muestran claramente que estas obras eran ejecutadas por colonizadores que transportaban sus conocimientos de oriente a occidente, a través de las costas, expandiéndose y buscando nuevos territorios donde asentares después de la destrucción de su centro cultural.

Según todos los estudios, estos monumentos contienen información matemática y astronómica de tal nivel, que asombra a todos aquellos que los han estudiado. El astrónomo más famoso de Inglaterra, Sir Fred Hoyle, muerto el año 2001, que fue profesor de la Universidad de Cambridge, miembro del Colegio Saint John de esa universidad, experto en  astrofísica, fundador del Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge, presidente de la Royal Astronomical Society, uno de los primeros en aplicar las ecuaciones de la relatividad y la física moderna a la cosmología, señaló que Stonehedge es un sistema para observar los fenómenos astronómicos; es decir, una especie de computadora rudimentaria utilizada para efectuar cálculos con los que determinar los movimientos del sol y los eclipses solares y lunares, concluyendo que este monumento megalítico era obra de un verdadero Newton o Einstein prehistórico, por la precisión de los datos.

Según otro estudioso ya clásico del tema,  el ingeniero Alexander Thom, que investigó los megalitos por más de 40 años, las  3.000 piedras de Carnac son un verdadero papel cuadriculado donde los constructores pudieron haber señalado la posición de los cuerpos celestes. Para este investigador, cada círculo y alineación de piedras han sido dispuestas para facilitar el estudio del Sol, la Luna y las estrellas.

No cabe duda que estas obras no fueron hechas por pueblos que venían recién saliendo de la barbarie; es el trabajo de una cultura muy desarrollada, que tiene ya altos niveles de conocimientos de astronomía y geometría.

Por qué  fueron construidos

Las razones de por qué fueron levantadas estas construcciones están asociadas al mismo fenómeno que llevó a otros descendientes de la primera civilización a la construcción de las pirámides en Egipto y las zigurat babilónicas, construcciones que son las míticas Torres de Babel de La Biblia, cuyo objetivo era efectivamente llegar al cielo, pero en forma figurada, con el objeto de estudiarlo. Este estudio del cielo tenía una objetivo claro: predecir los cambios climáticos, que están directamente relacionado con el fenómeno más esencial de nuestro sistema solar: la precesión de los equinoccios.  Este tema es tratado más en profundidad en el artículo “El cambio climático, la precesión de los equinoccios y La Atlántida”.

Las construcciones megalíticas llegaron a su fin cuando los descendientes de la primera civilización también fueron desapareciendo, al ser invadidos por los pueblos indoeuropeos, que iniciaron su expansión desde el Cáucaso en todas la direcciones, los que comienzan a dar un uso religioso y mágico a todas estas antiguas instalaciones  astronómicas, desvirtuando su rol inicial, perdiéndose hasta el día de hoy su reales conocimientos astronómicos, cuando gracias a la arqueoastronomía comienzan a ser recuperados lentamente. De aquella primera gran ola civilizadora, sólo la cultura tartesia, con su capital Tarsis, dejó una importante marca en la historia antes de desaparecer durante el primer milenio antes de la era común.