Jaime Manuschevich
Los elementos comparados de la
religión de la mítica Atlántida o Atlantis con la religión judía resultan
tremendamente significativos, pues al hacerlo, queda claramente establecido el
nexo cultural entre ambas religiones, así como con la gran mayoría de las
antiguas religiones del Medio Oriente.
Un primer elemento tremendamente significativo, por el altísimo
nivel simbólico y constitutivo de nación, es el monoteísmo de ambas religiones, independientemente que creamos que
la religión de la Atlántida esa politeísta, por provenir el conocimiento del
mito de la cultura griega. Todos los escritos platónicos nos ratifican que era
una religión monoteísta, sin ninguna otra posible interpretación. “Y
Poseidón, recibiendo para sí la isla de Atlántida, tuvo hijos de una mujer
mortal y los instaló en una parte de la isla” o “Él mismo, siendo un dios”, mas allá del nombre que le haya asignado Platón. En su templo sólo
existe la imagen de ese dios misterioso. Las imágenes de su esposa y sus
descendientes, que eran mortales, estaban fuera del santo santorum: “Los palacios en el interior de la ciudadela fueron
construidos en esta forma: en el centro había un templo sagrado dedicado a Cleito y a Poseidón, que seguía siendo inaccesible, y fue
rodeado por un recinto del oro; éste era el punto donde la familia de los diez
príncipes primero vieron la luz… Aquí
estaba el templo de Poseidón que era de un estadio en longitud, y la mitad de
un estadio en anchura, y de una altura proporcionada, teniendo un aspecto
barbárico extraño. Todo el exterior del templo, a excepción de los pináculos,
lo cubrieron con plata, y los pináculos con oro. En el interior del templo el
techo era de marfil, curiosamente labrado por todas partes con oro y plata y
cobre; y en el resto de piezas, las
paredes y los pilares y suelo, las cubrieron con cobre. En el
templo colocaron las estatuas del oro: el dios mismo estaba parado en un carro…
Había también en el interior del templo otras imágenes que habían sido
dedicadas por las personas privadas. Y alrededor del templo en el exterior
estaban colocadas las estatuas del oro de todos los descendientes de los diez
reyes y de sus esposas, y había muchas otras grandes ofrendas de reyes y de
personas privadas, venidas de la ciudad misma y de las ciudades extranjeras sobre las cuales gobernaban. Había un altar
también, que era magnífico (117) por tamaño y artesanía”. Sus gobernantes
solo rendían culto a ese dios único: “los diez reyes, estando solos en el templo, después de que hubiesen
rezado al dios… obedecerían a toda regla que lo ordenara, actuando sabiamente
según los leyes de su padre… Éste era la oración que cada uno de ellos elevaba
para sí mismo y para sus descendientes, al mismo tiempo que bebían y consagraban la copa que bebió en el templo
del dios”.
Y como es de todos conocido, la religión judía es la primera religión
monoteísta que conocemos, cuyo principal y primer mandato es “Dios es uno solo”, y a la vez la
reconocemos como la religión de la cual provienes todas las otras religiones
monoteístas modernas. Todos los pueblos de la región, tenían como Dios a Al,
El, Elah, Elohim, Elyum, El-Elyon, En-lil, En-ki, Ilu,
Il, Adon, Adonai, Baal, El-Berith, Dan, Melek, Moloch, Hor, Horus,
Uru, Ab, Ah, o las forma
mas moderna de Yhavé, Jehová o Alá, todas ellas
palabras particulares en las diversas lenguas semíticas –Dios, El que Es,
Altísimo, Señor, Juez, Dios de la Alianza, Rey, Luz, Padre, Hermano- para
referirse al Ser Único de Montaña, el Innombrable. La relación de todos estos
pueblos con esta entidad proviene de la más remota antigüedad. Es conocido por
todos los estudiosos que en la cultura semítica completa existe una aversión
profunda a mencionar o dar a conocer el nombre de Dios. Su nombre es tan
sagrado que no puede ser pronunciado.
A modo de ejemplo,
en el antiguo Sumer, el dios En-lil, cuya traducción
más aproximada sería “Señor Dios”, de en, “señor” o “dueño” e il, “dios” o simplemente “él”, en sumerio, era denominado
también “Gran Monte”, “Alta Montaña”. En un poema a En-lil,
encontrado en Nippur, se señala que “el Estrado de Ukur, sublime santuario” es la “morada de En-lil, montaña de fertilidad, Ukur,
mansión de lapizlazuli, alta Morada”, lo que hace
vinculante a este nombre con el Dios de la Montaña. Otra muestra de esta
identidad común de los adoradores del Dios Único se puede apreciar claramente
en varios párrafos bíblicos. El primero es el referido al reconocimiento de
identidad común entre madianitas –que vivían en el Sinaí y en Arabia actual- y
hebreos. “De acuerdo con las tradiciones,
Yahveh se reveló por primera vez a Moisés en
las tierras de Madián (Exodo
3); Moisés estaba casado con una mujer madianita (Ex.2.21-22) y el sistema
legal de Israel fue iniciado con la ayuda de Jethro,
el sacerdote madianita (Ex.3.13-27)”. (Cornfeld, G.
1980) Por otra parte, según señalan
algunos historiadores, la conquista de Sequim por
Josué jamás ocurrió, sino que “podemos
suponer que los israelitas encontraron en estas regiones una población
predispuesta en su favor y que Siquem se insertó
pacíficamente en el sistema de tribus israelitas”. (Cornfeld,
G. 1980) Este vínculo secreto o más
bien desconocido es percibido por otros autores: “W.F.
Albright ha señalado que los madianitas, los kenitas y los antepasados de los israelitas pertenecían al
mismo grupo o a grupos relacionados entre sí. B. Mazar (en su libro La Montaña
del Señor) cree que los kenitas habían fundado un santuario en Arad en el tiempo en
que los israelitas se había instalado en Canaán, el que posteriormente, fue
mantenido por los israelitas, reflejando una estrecha relación entre los dos
grupos.” (Cornfeld, G. 1980). Hoy la arqueología nos
empieza mostrar las evidencias físicas de esta conexión. El paleontólogo
italiano Edoardo Borzatti Von Lowenstein, de la Universidad
de Florencia, señala que en sus estudios de la región hay pruebas suficiente
para afirmar que durante el Calcolítico el hombre de la región “rindió culto a
un solo dios, que con el tiempo se escindió en varias deidades a partir de la
forma en que se manifiesta” y que además, “no se trató de un dios local, sino
una auténtica fe que se extendió por todo el Medio Oriente.” (Borzatti Von Lowenstein,
E. 2004), Dios único que esta representada en la fotografía anexa.
La segunda relación esencial entre ambas religiones es la forma del juramento de lealtad a la Ley de su padre
de los gobernantes de La
Atlántida y el mismo juramento de la
lealtad de los jueces y jefes hebreos a la Tora y D´s, establecida en Éxodo. El Dialogo de Timeo señala
sobre
el tema lo siguiente: “el orden de precedencia
entre ellos y sus relaciones mutuas fue regulado por las disposiciones de la
ley que Poseídon les había otorgado. Éstas fueron
inscritas por los primeros reyes en un pilar del cobre, que estaba situado en
el centro de la isla, en el templo de Poseidón, donde los reyes se reunían cada
quinto y cada sexto año alternativamente, dando así igual honor al número impar
y par. Y cuando estaban reunidas se consultaban sobre sus intereses comunes, e
investigaban si habían transgresiones de cualquier tipo, y hacían un juicio, y
antes de que empezara el juicio, ellos establecían sus compromisos de los unos
con los otros de esta manera:- -Había toros
que estaban a disposición del templo de
Poseidón; y los diez reyes, estando solos en el templo, después de que hubiesen
rezado al dios para que pudiesen capturar a la víctima que le era aceptable,
atrapaban un toro, sin armas, pero con bastones y lazos; y el toro que
capturaban lo conducían al pilar y cortaban su garganta en la parte de arriba,
dejando que la sangre cayese sobre la inscripción sagrada. En el pilar, además
de las leyes, estaba inscrito un juramento que invocaba poderosas maldiciones
contra los desobedientes. Luego, después de matar el toro de la manera
acostumbrada, se quemaban sus miembros, llenaban una fuente de vino y ponían un
coágulo de la sangre para cada uno de ellos; (120) el resto de la víctima la
ponían en el fuego, después de haber purificado completamente alrededor de la
columna. Después llenaban copas de oro con la fuente, y vertían una libación en
el fuego, jurando que enjuiciarían según las leyes sobre el pilar, y que
castigarían a cualquiera que hubiese transgredido alguna norma de ellas, y que
para el futuro ellos, si no tenían auxilio, no ofenderían la escritura en el
pilar, y ni se lo ordenarían a otros, y obedecerían a toda regla que lo
ordenara, actuando sabiamente según los leyes de su padre Poseidón. Éste era la
oración que cada uno de ellos elevaba para sí mismo y para sus descendientes,
al mismo tiempo que bebían y consagraban
la copa que bebió en el templo del dios; y después de haber cenado y satisfecho
su necesidad, cuando llegaba la oscuridad, y el fuego sobre el sacrificio
estaba frío, todos vestidos con hermosos trajes de azur, y sentándose en la
tierra, en la noche, apagadas las ascuas de los sacrificios por los cuales
habían jurado, y extinguido todo el fuego en el templo, recibían y daban
juicio, si cualesquiera de ellos traía una acusación; y cuando habían emitido
el juicio, al amanecer anotaban sus sentencias en una tablilla de oro, y
dedicaban sus trajes para hacer un monumento conmemorativo.”
Este mismo juramento fue oficiado por
Moisés a la salida de Egipto, que esta descrito por La Biblia Hebrea de la
siguiente forma: “Y Moisés escribió todas
las palabras de Yahvé, y levantándose de mañana edificó un altar el pie del
monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel 5 Y envió jóvenes de
los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como
sacrificios de paz a Yahvé. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en
tazones y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. 7 Y tomó el libro
del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y dijo, He aquí la sangre del pacto que
Yahvé a hechos con vosotros sobre todas las cosas. 9 Y subieron Moisés y Aarón,
Nabad y Abiú, y setenta de
los ancianos de Israel; 10 y vieron al D’s de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosamiento de zafiro, semejante al cielo cuando está
sereno. 11 Más no extendió su mano sobre
los príncipes de los hijos de Israel, y vieron a D’s, y comieron y bebieron.”
(Ex., 24) Luego, por instrucción divina, se levantará el tabernáculo con “”3 oro, plata, cobre...4 azul, púrpura,
carmesí, lino... 8 Y harán un tabernáculo para mí y habitaré en medio de ellos.
9 Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño
de todos los utensilios, así lo haréis” (Ex., 25).
Como se puede apreciar en ambos textos, en estos versos de La
Biblia están presenten prácticamente todos los elementos de la antigua religión
de la Atlántida descritos por Platón: la presencia divina, los tres círculos- D´s, gobernantes y pueblo- el sacrificio del toro, la
sangre, las leyes sagradas, el juramento, el aún misterioso azur, la cena
ritual y el monolito.
En la religión hebrea, el sacrificio ritual de un toro para la
purificación del altar se mantendría bajo la tradición de “la vaquillona
bermeja” hasta la destrucción del Templo de Salomón.
La forma que este ritual evolucionó hasta nuestros días es
múltiple, pero conserva casi toda la estructura anteriormente señalada,
alcanzando incluso la forma de la comunión cristiana.
El segundo elemento de esta enorme similitud de ambas sociedades es
la fiesta conocida como “Shavuot” o “Fiesta de las Primicias”. En el relato
platónico de La Atlántida se señala que
“Los palacios en el interior de la
ciudadela fueron construidos en esta forma: en el centro había un templo
sagrado dedicado a Cleito y a Poseidón, que seguía
siendo inaccesible, y fue rodeado por un recinto del oro; éste era el punto
donde la familia de los diez príncipes primero vieron la luz, y en el
tercero la gente traía anualmente las frutas de la estación de todas las diez
porciones de tierra, como ofrenda.” (Critias,116).
La Biblia Hebrea, por su parte, señala que "Que tomarás las primicias de todo fruto del
suelo... Las pondrás en un cesto y con él irás al lugar que el eterno escoja
para establecer así su nombre... Y te presentarás al sumo sacerdote... Y el
sacerdote tomará el cesto de tu mano y lo colocará ante el Altar del Eterno tu D's... Entonces tu dirás ante el Eterno tu D's... Por eso dirás ahora he aquí que te brindo los
primeros frutos de la tierra que tú, oh Señor me has
dado". (Deuteronomio 26:2-10).
El pueblo de Israel, trajo, mientras existió el Templo, "Bet Hamikdash", las
primicias cada año desde Shavuot hasta Sucot, que ellos levantaban ante el altar y luego leían
"la lectura de las primicias"
(Deuteronomio 26:5-10). Aquí se conectaban la fiesta de la cosecha y la alegría
de las primicias: El Jag Habikurim
(Día de las Primicias). La Fiesta de Shavuot marcaba
el principio de la época para ofrendar los "primeros frutos”. En la fiesta
de Shavuot se traía un sacrificio especial en la
época del Templo: el sacrificio "de los dos panes". Estos eran dos
panes hechos de harina que estaba molida del trigo nuevo. En la Tierra de
Israel, esta era la época de la cosecha, especialmente la del trigo. Las
primeras ofrendas de la nueva cosecha se hacían bajo la forma de dos panes de
trigo, Sheté Halejem.
Estos aspectos básicos de ambas religiones establecen una conexión
cultural de primera magnitud que ratifica que la mítica Atlántida fue una
realidad y que de ella proceden muchos de los elementos simbólicos de la
civilización semítica y de occidente, lo que es tratado más en profundidad en
el Capítulo VI del libro “La Atlántida: el mito descifrado”.