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Muerte de la Atlántida

Muerte de la Atlántida

La leyenda de la Atlántida podría haber sido resuelta. Eso es lo que asegura un equipo de científicos que acaba de hacer público un estudio sobre el fin de la civilización minoica. Esa civilización se cree que floreció hace unos 3.500 años en el Mediterráneo oriental, concretamente en la isla de Creta. Los minoicos construían palacios, pavimentaban las calles y los desagües, mientras que el resto de europeos todavía vivían en cabañas primitivas, como informa la BBC. Sin embargo, hacia el año 1.500 a.C. la civilización se extinguió. Los restos geoarqueológicos contienen un número de rasgos distintivos de la presencia de un tsunami La explicación que proponen los científicos es que la desaparición se debió a un tsunami, una ola gigante que arrasó la isla de Creta más o menos al mismo tiempo que se produjo el declive de la civilización minoica. “Los restos geoarqueológicos contienen un número de rasgos distintivos de la presencia de un tsunami”, ha asegurado el geólogo de origen holandés Hendrik Bruñís de la Universidad Ben Gurión del Negev en Israel. Gigantesca erupción El tsunami destructor podría haber sido originado por el volcán Santorini, situado sólo 70 kilómetros al norte de Creta, y que se cree entró en erupción hacia el 2.500 a.C.. La erupción, estiman los científicos, podría haber sido hasta 10 veces más potente que la del Krakatoa en 1883 y haberse oído a casi 5.000 kilómetros de distancia. El colapso del cono volcánico en el mar habría sido el mecanismo que provocara una ola gigantesca capa de destrozar las ciudades costeras de Creta. Los minoicos eran mercaderes y navegantes y vivían principalmente a lo largo de la costa, lo que los hacía especialmente vulnerables a un fenómeno de esas características. La razón de que esto no se supiera antes es que el estudio de los antiguos tsunamis está todavía en una fase muy primitiva, según afirma el experto Costas Synolakis, de la Universidad de California del Sur. Los científicos aseguran que si la tasa de mortalidad hubiera sido próxima a la que experimentada en las zonas devastadas por el tsunami que arrasó Tailandia y Sri Lanka en 2004 (cerca del 80 %), eso hubiera significado el fin de la civilización minoica, incluso aunque no hubiera afectado a la capital, Knossos, situada en el interior de la isla. Esta historia real de una civilización sumergida en el océano habría sido la que sirviera posteriormente a Platón para configurar muchos cientos de años después el mito de la Atlántida.

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Doggerland: La Atlántida del Norte

Doggerland: La Atlántida del Norte

Hace 8.000 años, un devastador tsunami asoló una vasta región emergida en pleno Mar del Norte, arrastrando al fondo del océano a la avanzada civilización que la habitaba. ¿Otra leyenda sobre mundos perdidos? En absoluto. Arqueólogos británicos han confirmado la existencia real de una isla-continente con todos los requisitos para ser la verdadera Atlántida. Por Francisco González
La Atlántida, Lemuria, Hiperbórea. Los escépticos claman contra la materialidad de estos territorios. Son leyendas –suelen aducir–, simples mitos producto del imaginario popular; ya saben, del recurrente inconsciente colectivo que argumentara Jung. Y es cierto que las evidencias físicas no ayudan a ponerlos en los mapas. Los arqueólogos no han hallado resto alguno que demuestre fehacientemente su existencia histórica. ¿O los han encontrado y el problema es que no supieron ponerlos en contexto? En este sentido, el ejemplo que vamos a mostrarles a continuación resulta paradigmático. Se trata de Doggerland, una región soslayada por la ciencia pero tan firme y real como la tierra que pisamos.

Curiosamente, la existencia de Doggerland ya era más que una sospecha desde principios del siglo XX. Por aquel entonces, muchos pescadores del oeste de Europa, sobre todo los que faenaban en aguas al norte del Canal de la Mancha, recogían en sus redes fragmentos de aquella realidad olvidada. Cuernos de grandes cérvidos, enormes huesos de mamuts lanudos… A los pescadores, claro está, no les hacía gracia alguna encontrar entre el pescado aquellos pesos muertos e invendibles. Y mucho menos cuando lo que aparecía en las redes era una calavera humana. Entre las gentes del mar, semejante hallazgo no presagia nada bueno.

Obvia decir que la mayoría de estas piezas eran arrojadas de inmediato por la borda, aunque no todas. De vez en cuando, algunas llegaban a puerto y terminaban en manos de anticuarios o coleccionistas, o de arqueólogos aficionados para quienes el inerte botín tenía especial significado; sobre todo cuando eran informados de su procedencia exacta, a muchas millas de la costa. ¿Cómo habían llegado hasta allí aquellos grandes mamíferos? ¿Nadando? Imposible. La respuesta era más simple y lógica, pero no por ello fácil de asumir. Mucho tiempo atrás, tanto como 10.000 años, sobre aquellas aguas existió un vasto y emergido territorio, tan extenso y sólido que un habitante de Escocia podía llegar hasta Holanda caminando.… o una ardilla saltando de un árbol a otro. Y es que el paisaje de Doggerland no era la tundra helada que presuponían los científicos, sino una masa boscosa más parecida a la que aún caracteriza, por ejemplo, a muchas áreas escandinavas. 

BOSQUES BAJO EL MAR

Las evidencias de que Doggerland estuvo cubierta por bosques son tan numerosas como incontestables. El Daily Mail ya informaba al respecto a finales de enero de 2015, cuando varios submarinistas que buceaban frente las costas de Norfolfk, en el este de Inglaterra, descubrieron un bosque sumergido y petrificado que parecía perderse mar adentro. No eran los primeros en percatarse de la insólita presencia de árboles hundidos frente al litoral británico. En marzo de 2014, una unidad de buceo de la Royal Navy halló un pinar petrificado junto a la Isla de Man. El bosque permanecía oculto bajo cinco metros de arena y, al igual que el descubierto en Norfolk, las dataciones lo remontaron 10.000 años atrás.

Más recientemente, arqueólogos, geólogos, biólogos e informáticos de las universidades de Bradford y Birmingham, ambas en el Reino Unido, nos están proporcionado asombrosos detalles sobre este territorio perdido. Por ejemplo, que su extensión aproximada fue de 260.000 kilómetros cuadrados (mayor que la de la actual Gran Bretaña), que los cambios climáticos lo redujeron hasta quedar convertido en una isla del tamaño de Sicilia y que, finalmente, desapareció a causa del devastador tsunami –con olas de hasta 20 metros– que siguió a los desplazamientos tectónicos ocurridos en la plataforma continental noruega, conocidos como deslizamientos de Storegga… (Continúa en AÑO/CERO 305).

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