co importa el origen. Lo interesante es el debate que sigue en Jaén sobre ciencia y no ciencia, leyendas y oportunidades económicas, verdad y posverdad, populismo y demagogia. La filosofía, y con ella el pensamiento occidental, el espíritu crítico y la democracia (en definitiva, lo que hoy somos) nació en Grecia porque allí por primera vez se pasó de explicar el mundo con relatos fabulosos y cuentos hermosos a intentar hacerlo sólo con la razón. Lo que se conoce como el paso del mito al logos.

Al principio fue de forma un tanto simplista. Tales de Mileto, por ejemplo, decía que todo estaba hecho de agua; Anaxímenes, que el principio de todo era el aire, y los pitagóricos, que todo estaba dominado por las matemáticas. En el fondo no les faltaba razón. Somos un 80% agua, sin respiración no hay vida y la materia y sus relaciones se pueden explicar en su totalidad con los números.

El documental de marras del National Geographic sobre la Atlántida y su posible ubicación en Jaén ha generado un atractivo e intenso debate nada despreciable sobre la utilidad de los mitos. Incluso hay quien llega a cuestionar la ciencia por dogmática y ortodoxa, cuando si algo define al método científico, que nació de la filosofía, es su esencia antidogmática: elaboración de hipótesis a partir de la observación, diseño de pruebas para contrastarlas, experimentación, falsación (Popper), publicación de los resultados para que la comunidad científica las conozcan y ponga a prueba, etcétera. Y así se llega a la verdad, la diga Agamenón o su porquero, en Jaén o en Sebastopol.

Desde sectores empresariales del turismo y demás alegan que Jaén no está para perder más trenes, en este caso el AVE de la Atlántida, sea verdad o no. Y algunos incluso arremeten contra los arqueólogos. Eso es tanto como pedirles que dejen de serlo, que vuelvan a los mitos y ¡viajeros al tren! Como esos ‘guías’ turísticos que a veces nos encontramos y que nos llenan la cabeza de falsas historia y de cabreo, porque nos tratan como gilipollas integrales.

¿Y de todo esto, es posible alguna lectura en positivo? Pues creo que sí. Por ejemplo, es una oportunidad para difundir el enorme valor histórico, científico, de Marroquíes Bajos, el mayor asentamiento conocido en Europa del Calcolítico. O para que la Junta ponga de una vez en valor los restos arqueológicos de sus tres parcelas. O para que el Ayuntamiento haga lo propio, ahora sí, como ha dicho que quiere hacer. O para que el sector turístico explote si quiere la leyenda, sin llamar a engaño a nadie.

Los arqueólogos fueron los únicos que alertaron de la oportunidad perdida, pero hicieron su trabajo de excavación y documentación y ahí está. El resto de la sociedad, periodistas incluidos, no hicimos caso o no supimos transmitir su importancia. Marroquíes Bajos tuvo la mala suerte de pillarle el ‘boom’ inmobiliario y, como todos de alguna manera nos beneficiábamos de él aunque sabíamos que los precios eran disparatados y artificiales, terminamos por creernos la leyenda del ladrillo de oro. La sociedad jienense, igual que otras, miró para otro lado mientras hundía su atlántida real y ha tenido que venir el director de ‘Titanic’ para que algunos la rescataran. Algo es algo.